viernes, junio 23, 2006

¿donde estan mis fuerzas?

Un año de pelea; mis brazos caen dejando la epada en tierra. La armadura toda magullada pesaba más que antes, mientras que el escudo era una gran mancha de sangre sobre mi brazo izquierdo.

Me sentiría realizado si por lo menos mi batalla no hubiese sido en vano, pero los cadáveres de mis enemigos se levantaban una y otra vez, y siempe más fuertes que antes.

Una sombra refleja el sol en la espada enterrada: una cruz. Alzo mis ojos y pregunto ¿por qué no puedo?, ¿que me falta?.

El cinto amarrado a mi frente resfala por el sudor, y al caer veo que traía algo escrito: "todo lo puedo en Cristo que me fortalece".

Me levanto, amarro el cinto rojo a mi frente, desentierro mi espada y me lanzo una vez más.......

2 comentarios:

Deivid dijo...

"¿Dónde están tus fuerzas?" Buen título de un confrontamiento real. Nos cuesta rendir las fuerzas a Dios, y tenemos tantos argumentos y reservas; pero sólo diciendo: "Me rindo", puede haber un cambio total. Yo soy un testimonio de eso mismo!!!
Gracias Guille por tu post

JamesRock dijo...

Más que rendir nuestras fuerzas, es obtenerlas de Él.

Te darás cuenta que mientras más avances en tu vida como cristiano, más insuficiente te verás tú, y más necesitarás de Su apoyo, hasta depender completamente de Él.

Proverbios 24:13-20

13 Come la miel, hijo mío, que es deliciosa;

dulce al paladar es la miel del panal.

14 Así de dulce sea la sabiduría a tu alma;

si das con ella, tendrás buen futuro;

tendrás una esperanza que no será destruida.

15 No aceches cual malvado la casa del justo,

ni arrases el lugar donde habita;

16 porque siete veces podrá caer el justo,

pero otras tantas se levantará;

los malvados, en cambio,

se hundirán en la desgracia.

17 No te alegres cuando caiga tu enemigo,

ni se regocije tu corazón ante su desgracia,

18 no sea que el Señor lo vea y no lo apruebe,

y aparte de él su enojo.

19 No te alteres por causa de los malvados,

ni sientas envidia de los impíos,

20 porque el malvado no tiene porvenir;

¡la lámpara del impío se apagará!

Nos vemos de ahí.
Que sepas que me acuerdo de ti, como de Deivid. Apóyense mutuamente, porque están en las mismas.

Pero saquen la fuerza del Señor.